{"id":1202,"date":"2025-06-16T09:59:14","date_gmt":"2025-06-16T12:59:14","guid":{"rendered":"https:\/\/zaccagnini.ar\/?p=1202"},"modified":"2025-06-16T09:59:14","modified_gmt":"2025-06-16T12:59:14","slug":"jorgito-pudo-volver-a-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/zaccagnini.ar\/index.php\/2025\/06\/16\/jorgito-pudo-volver-a-casa\/","title":{"rendered":"Jorgito pudo volver a casa"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"377\" height=\"230\" src=\"https:\/\/zaccagnini.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/16-DE-JUNIO-DE-1955-JORGITO.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1204\" style=\"width:437px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/zaccagnini.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/16-DE-JUNIO-DE-1955-JORGITO.jpg 377w, https:\/\/zaccagnini.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/16-DE-JUNIO-DE-1955-JORGITO-300x183.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 377px) 100vw, 377px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p><strong>16 de junio de 1955, 15:00 horas.<\/strong> Con su guardapolvo blanco siempre bien planchado y la cartera escolar que le hab\u00eda regalado su t\u00edo, Jorgito espera en la esquina de Entre R\u00edos y Constituci\u00f3n la llegada del troleb\u00fas 307que lo llevar\u00e1, como otras veces, del colegio primario donde cursa su 4\u00ba grado a su casa de Lan\u00fas, donde hace poco se mud\u00f3 junto con su familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras espera el trole, que est\u00e1 tardando m\u00e1s de lo usual, Jorgito siente que est\u00e1 viviendo un d\u00eda en el que las cosas son diferentes. No s\u00f3lo es la tardanza del 307 o advertir que la avenida Entre R\u00edos est\u00e1 desierta. Ni siquiera es que est\u00e1 volviendo a casa tres horas antes de la salida del turno tarde. Los 10 a\u00f1os de Jorgito tratan de entender porqu\u00e9 las madres del barrio retiraron a sus hijos del colegio y lo obligaron a volver m\u00e1s temprano a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, a lo lejos, la figura del esperado troleb\u00fas interrumpe sus pensamientos. Es la hora de pararlo con una se\u00f1a, de sacar boleto y de sentarse en ese semivac\u00edo 307 que lo llevar\u00e1 hasta Yrigoyen y Castro Barros, a cuatro cuadras de la estaci\u00f3n Lan\u00fas y a dos de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentado junto a la ventanilla, los ojos de Jorgito repasan la ruta conocida: Entre R\u00edos, V\u00e9lez Sarsfield, el puente sobre el Riachuelo, el ingreso a la Provincia. De pronto, algo sucede: el trole se detiene y suben dos civiles con ametralladoras que ordenan a los escasos pasajeros bajarse y seguir a su destino a pie. Ah\u00ed queda Jorgito, con su guardapolvo blanco y su cartera, sin saber qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa que puede salir a la avenida Pav\u00f3n (as\u00ed le dec\u00edan en esos a\u00f1os a la avenida Hip\u00f3lito Yrigoyen). Si lo logra, s\u00f3lo le quedar\u00e1 transitarla hasta Castro Barros, un trecho largo pero directo a su casa. Y, como con las miguitas del cuento de Hansel y Gretel, Jorgito decide seguir la ruta que le indican los cables de energ\u00eda del trole que lo llevan, finalmente, hasta la Avenida, donde contin\u00faa su marcha.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras camina por una avenida Pav\u00f3n sin colectivos y casi sin autos, Jorgito ve pasar veh\u00edculos de todo tipo: autos, rastrojeros, camiones. Van rumbo a Avellaneda. Llevan gente cantando consignas que no alcanza a comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda, despu\u00e9s, una imagen. Un rastrojero con 5 \u00f3 6 personas en la caja, una de ella sostiene una gran bandera argentina que tiene en el centro un escudo peronista, que flamea como consecuencia del viento que produce el viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Una persona se le acerca: \u00ab\u00bfPibe, est\u00e1s s\u00f3lo? Ante la respuesta afirmativa de Jorgito, le propone: \u00abCaminemos juntos, yo voy hasta Sitio de Montevideo, una cuadra antes de la estaci\u00f3n Lan\u00fas\u00bb&#8230; Y con esa protecci\u00f3n de quien nunca supo el nombre, Jorgito avanza casi hasta la calle Castro Barros, su destino final.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cruzar la v\u00eda y enfilar para su casa, Jorgito vislumbra a su familia en la puerta de casa. Su pap\u00e1 y su mam\u00e1 lo esperan con desesperaci\u00f3n e impotencia. La zona, que tiene un s\u00f3lo tel\u00e9fono atendido por telefonistas que nunca contestan, las noticias de la radio, los 10 a\u00f1os de Jorgito&#8230; S\u00f3lo entonces advierte el riesgo vivido y se entrega a la alegr\u00eda del reencuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorgito a\u00fan recuerda los tanques de guerra estacionados durante meses a la vuelta de su casa, frente a la panader\u00eda, tambi\u00e9n en lo que hoy es la Municipalidad de Lan\u00fas y en ese momento era el lugar donde se guardaban los trolebuses. Creci\u00f3 inmerso en la ocupaci\u00f3n de Lan\u00fas muchos a\u00f1os, por su condici\u00f3n obrera y peronista. Percibi\u00f3 el odio que tuvieron los que dispararon, ese 16 de junio de 1955, las ametralladoras de los aviones que impunemente quitaron la vida a cientos de personas inocentes, en el mayor ataque terrorista de nuestra historia, realizado por argentinos a los que la Patria les hab\u00eda entregado armas para defenderla.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo que acabo de contar es una historia real. Doy fe de eso, porque el Jorgito que pudo volver a casa ese d\u00eda, soy yo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><strong>Jorge Zaccagnini<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>16 de junio de 1955, 15:00 horas. 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